Brasil afronta las elecciones de octubre para presidente, gobernadores, diputados y senadores sin las presiones del mercado financiero que marcaron las elecciones de 2002. Los escándalos de corrupción del actual Gobierno han sido asimilados de tal modo por el electorado que el presidente Luis Inácio “Lula” da Silva podría hacerse con un segundo mandato en la primera vuelta de las elecciones. Su partido, sin embargo, pagará la factura por la crisis política, lo que obligará al próximo mandatario a llegar a pactos con organizaciones de diferente signo político para asegurarse un cierto control del futuro Parlamento. La razonable marcha de la economía, la autosuficiencia petrolífera o los programas sociales son los principales triunfos de Lula, cuya política económica seguirá la senda ortodoxa que ha recorrido estos cuatro años aunque es posible que ponga más acento en el desarrollo para intentar que el país crezca más rápidamente y se reduzcan las enormes desigualdades sociales.