A finales de los años ochenta, Paraguay se incorporó a la conocida “tercera ola de democratización” e inició un proceso de cambio de sus estructuras e instituciones sociales, políticas y económicas. Las transformaciones que desde entonces se han impulsado han comportado algunas oportunidades destacadas para el desarrollo del país, si bien persisten lagunas y obstáculos importantes. No en vano, Paraguay es uno de los países con niveles más bajos de desarrollo institucional de la región latinoamericana (en términos, por ejemplo, de calidad del Estado de Derecho, corrupción o desempeño de la Administración Pública).