En la actualidad, la alta conflictividad en el agro guatemalteco -vía las tomas de tierras- nos recuerda la injusta repartición de la tierra en Guatemala. La letra de los acuerdos de paz en Guatemala y El Salvador contempla el establecimiento de catastros y la creación de fondos de tierras y su posterior distribución. En Centroamérica, la única experiencia de distribución de tierras y ordenamiento agrario con continuidad se ha dado en Costa Rica. Sin embargo, estamos lejos de reunir el cúmulo de factores que permitieron su puesta en marcha en los años 1960, tanto más cuando desde fines de los años 1980 la pequeña producción campesina ha sido sacrificada por los gobiernos de la región ante los imperativos de los Planes de Ajuste Estructural. ¿Tiene sentido continuar hablando de reforma agraria en los años 2000? ¿Qué supuestos y objetivos justifican la transformación de la tenencia de la tierra? ¿La reforma de la tenencia pretende generar desarrollo agrario o perpetuar economías de subsistencia? ¿Qué lecciones podemos sacar del reformismo agrario costarricense? El artículo pretende establecer un balance de la experiencia costarricense partiendo del contexto de su gestación para luego analizar la evolución de sus programas y finalizar con un concluyente estudio de caso.