Los pequeños, o no tan pequeños, detalles

Si miramos las fotos de nuestros viajes todos tenemos la que nos hicimos en aquel monumento emblemático, la visita al museo, el plato del desayuno… Todo eso está muy bien, pero la mayoría al recordar todo lo vivido lo que más recuerda, lo que destaca en su memoria son las sensaciones y las experiencias significativas que vivió allí.

En definitiva, los viajes los revivimos a través de los sentidos, que parece que movidos por la distancia han despertado del letargo en que se encuentran movidos por la cotidianidad. ¿No os ha pasado nunca que descubrís un nuevo comercio en vuestro barrio y lleva unos cuatro meses abierto? ¿Pasar por delante de un edificio y no ser consciente de los cambios que se le han hecho hasta toparte con ellos de golpe? Sin embargo, cuando viajas ese despiste que parece que llevamos de serie desaparece y somos capaces de fijarnos hasta en los más mínimos detalles.

Que tampoco es que todo tenga que dar respuesta a algo trascendental, son detalles, pequeñas o no tan pequeñas diferencias que nos hacen ver la vida desde otra perspectiva, que nos hace valorar incluso lo más insignificante.

De vacaciones en EEUU

Después de un viaje tan largo estás deseando llegar a tu hotel. Abres la habitación y ves la cama, es lo primero que vas a usar, pero espera, hay que cargar el móvil. Si has sido previsor ya lo sabrías, sino te acabas de dar cuenta de que todos los enchufes son diferentes y que si no tienes un adaptador olvídate de móvil, tablet, cámara, ebook…y cualquier aparato que hayas traído que necesite de corriente.

Además, en las habitaciones siempre hay una cubitera vacía con dos vasos y una cafetera eléctrica. Lo de la cafetera, perfecto. No hay nada como tomarse un café recién levantados, mientras te vas preparando para un nuevo día. A la cubitera la única relación que le encuentro es la máquina de hielo que hay en todos los pasillos…pero acepto sugerencias.

Después de la primera noche eres consciente de algo a lo que a duras penas le das valor en casa: las persianas. ¡No hay persianas! Con la fácil que es bajarla y dormir bien, sin luces, sin ruidos…Y no pasa solo en este país. Deberíamos seriamente plantearnos exportarlas a todo el mundo.

Por cierto, en cada cajón, de cada mesita, de cada hotel siempre vas a encontrar una Biblia. La tradición se remonta a 1898 cuando dos hombres John H. Nickolson y Samuel E. Hill se vieron obligados a compartir habitación en un hotel de Wisconsin. Ambos descubrieron que eran cristianos, lo que los llevó a estar debatiendo sobre religión durante toda la noche. En 1899 convocaron una reunión para comerciantes cristianos a la que sólo asistieron ellos dos y Will J. Knigths. A partir de la celebración comprendieron la importancia de que los trabajadores ambulantes que viajan a diario y se hospedan en fríos hoteles, estuvieran al menos protegidos y amparados por la presencia de una Biblia en el alojamiento donde durmieran. De esta propuesta nació la Asociación de Gedeones. Años más tarde y tras la celebración de una Convención de Estado, el gobierno aprobó de forma unánime que todos los hoteles deberían tener una Biblia por habitación, asumiendo el coste de su producción las iglesias. Lo que en un principio fue un encuentro casual en un pequeño hostal, derivó en una tradición que a día de hoy todavía se conserva e incluso ha dado el salto a otros continentes. Desde entonces, los Gedeones han editado más de 1.700 millones de biblias por todo el mundo.

Bajamos a desayunar y aquí también encontramos diferencias ya que cada país tiene su propia identidad y también se ve reflejada en la comida más importante del día. Aunque, como nos explican desde Hotel-Up, casi todos los hoteles han incluido en sus páginas webs y en sus cartas los desayunos más populares del mundo, contentando así a todos sus huéspedes, que pueden tener hábitos muy distintos por su procedencia y por su dieta. No es difícil encontrar el desayuno continental, el americano o el mediterráneo. En todos coinciden alimentos como el café, la leche y el té, pero tienen muchas más diferencias.

El desayuno continental es común en Europa y América Latina, sin embargo, surgió en Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Está compuesto de elementos simples, que no precisan cocción, por lo que son más asequibles para los hoteles y restaurante. La bebida suele ser café, leche, té, chocolate o mate (este último en Sudamérica fundamentalmente), y un vaso de zumo de cítrico exprimido. En cuanto a la comida predomina la bollería y las tostadas de tomate, mantequilla y mermelada.

El desayuno mediterráneo, parecido al continental, añade muchos más elementos naturales como frutas y ensaladas, incluso algún lácteo más, como yogurt. A medida que han ido cambiando las costumbres europeas se le han ido añadiendo también embutidos como el jamón serrano y la pechuga de pavo, quesos y cereales.

Por su parte, el desayuno americano, no es apto para personas que de colesterol. Es más proteico, contundente y elaborado, además de las bebidas y el pan, tiene como elemento principal la carne y los huevos. En la parte más dulce destacan las tortitas, con miel o caramelo líquido, y los cereales que, si son de colores, mejor que mejor.

A la hora de pagar, es mejor no olvidarnos la calculadora.  Además de ser conscientes que todos los precios aparecen sin impuestos, hay que dejar propinas en todas partes. Y no, no es una opción. Así que a los precios que ves en las cartas hay que sumarle entre un 10 y un 25% más.

Si te desplazas por carretera también verás algunas cosas que llamarán tu atención. El tamaño de los coches, que en general son muy grandes, los camiones son enormes y brillantes, con una cabina redondeada que recuerda a los de juguete, moteros en sus Harley…Y en general, el tipo de pueblos y viviendas que puedes encontrar son muy diferentes a los nuestros. Lo que nunca va a faltar en esa estampa es una bandera. El americano, más allá de su ideología u origen, está orgulloso de su país y luce su bandera a la primera de cambio.

Y, sobre todo, descarta la idea de que en España somos los más extrovertidos y déjate llevar. El americano es un gran conversador, a menudo se acercan a saludarte, a preguntar de dónde eres…

Al fin y al cabo, se trata de conocer mundo. Open mind y disfruta, siempre que puedas, de todo lo nuevo. No hay nada como salir de casa para valorar lo que uno tiene, ¡incluso las persianas!

 

 

 

 

 

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