La importancia del pelo en el hombre moderno.

El hombre moderno

Los estándares de belleza van cambiando con el tiempo, también en el hombre. El ideal estético del hombre moderno se caracteriza por pelo en la cabeza, ausencia de vello corporal y una barba densa, pero bien arreglada.

A lo largo de la historia, la dictadura de la estética se ha mostrado más implacable con las mujeres que con los hombres. Tal vez por la prevalencia de los valores culturales sobre los que se ha levantado nuestra civilización. En virtud de los cuales, a una mujer se valoraba más por su belleza que por su inteligencia. La presencia de la mujer estaba orientada a servir y agradar, sobre todo al hombre. Hoy, por suerte, las cosas están cambiando. Y una mujer se arregla, fundamentalmente, para gustarse a sí misma, no para gustar a los demás, para sentirse a gusto en su propia piel.

Aunque no de una manera tan exagerada, los parámetros de belleza en el hombre también han ido variando con los tiempos. Refranes como “el hombre y el oso, cuanto más peludo, más hermoso” no tienen cabida en los tiempos actúales. Personajes masculinos que fueron un referente estético en épocas no tan remotas hoy estarían completamente denostados, calificados, como mínimo, de físicamente desagradables.

Entramos a valorar el prototipo contemporáneo de la belleza masculina. Centrándonos en un detalle que siempre se ha visto como un signo de masculinidad. El pelo.

Referentes estéticos de un pasado cercano.

Para ver como los criterios de belleza han cambiado para el hombre de una manera significativa, en poco tiempo, vamos a analizar el caso de algunos actores de Hollywood, que hace apenas unas décadas, eran un referente para hombres, y también para mujeres, en lo que se refiere a belleza. Hoy, estos hombres no resultarían tan sexis.

El primer ejemplo que se me viene a la cabeza es el de Yul Brynner. Un actor que representó una ruptura en su época. Mientras actores coetáneos como Gary Cooper o Cary Grant usaban peluquín para disimular la incipiente calvicie que irrumpía en su cabellera, Yul Brynner, que no era del todo calvo, decidió afeitarse por completo la cabeza para actuar en la obra de teatro “El rey y yo” en 1951. Obra que posteriormente se llevaría a la gran pantalla 5 años más tarde. Desde entonces mantuvo siempre esa estética. Representando un ideal de belleza exótica masculina que enamoró a mujeres de diferentes generaciones con su impactante presencia. Hoy Yul Brynner no desentonaría del todo, muchos calvos se afeitan la cabeza, pero no tendría el sexapil que tuvo en su época.

El siguiente ejemplo que te voy a poner sí estaría completamente fuera de lugar. Aunque en los años 70 fuera considerado un sex simbol, Burt Reynolds tendría que hacerse muchos retoques para ser aceptado en la actualidad.

Reynolds era el prototipo de galán rudo y canalla, que volvía locas a sus compañeras en la multitud de comedias que protagonizó por aquellos años. Burt tenía pelo, mucho pelo, y nunca lo escondió. Pocas veces se le vio con el pelo largo, pero su cabellera era densa y poblada. Lució hasta su muerte un recio mostacho de color negro, y tenía un abundante vello corporal; pecho lobo se llamaba entonces, que nunca escondió a la vista. En películas y fotografías, gustaba de mostrar su torso desnudo. Pero no tenía cuerpo de deportista. Era de complexión media, algo delgado, pero sin tener marcados los abdominales. Un ejemplo de cómo se valoraba la belleza masculina en otros tiempos.

A esta lista, la revista Bio Chile suma a Mickey Rourke, un actor que fue un sex simbol durante los años 80, más que otra cosa por su participación en populares películas de corte erótico como “Nueve semanas y media”. Desde el punto de vista estético, no era desagradable, al menos cuando era joven. Sin embargo, tenía una forma de ser algo soez, por ser un poco diplomático, que no sería tolerado por las mujeres de hoy en día. Su compañera de reparto, Kim Basinger, lo definió como el “carnicero humano”. Nunca explicó el porqué, pero nos lo podemos imaginar.

El implante de pelo. 

El implante de pelo es una de las operaciones estéticas que más se realizan los hombres. Aunque hay hombres calvos que se afeitan la cabeza, como ya hemos señalado, al hombre moderno le gusta tener pelo en su cuero cabelludo, aunque lo lleve corto.

De todos los rasgos estéticos que vamos a ver en este artículo, este el detalle que menos está influido por las modas. Al hombre en sí, la gusta tener pelo, no porque sea tendencia, sino porque lo asocia con la juventud. Esa juventud que no quiere perder.

En los últimos años, se han desarrollado multitud de fármacos y productos cosméticos para frenar la caída del cabello, pero como nos dicen los especialistas de Clínica Kalón, una clínica de tratamiento capilar de referencia en Sevilla, siempre que se pueda, la mejor solución es el trasplante capilar. Lo es porque resulta efectivo y porque no es reversible. Muchos hombres han recuperado la confianza en sí mismos después de haberse sometido a un tratamiento de este tipo. Se ven más guapos, y eso hace que el resto de la gente los vea más atractivos.

No nos engañemos, el hombre moderno rechaza la calvicie. Cuando la asume, la concibe como un mal necesario. La luce con la mayor dignidad posible, pero si estuviera en sus manos, en la mayoría de los casos, le gustaría recuperar su cabellera.

El regreso de la barba.

Tras décadas de ser denostada, desde principios del 2010, la barba se convirtió en tendencia estética para la belleza masculina. Surge con la irrupción del movimiento hipster.

El doctor Alejandro Navas, profesor de sociología de la Universidad de Navarra, explica a la revista Grazia el porqué de este fenómeno. Según él, los hipsters lo que hicieron es convertir la barba en un elemento meramente estético, eliminando cualquier significado religioso, ideológico o cultural de este rasgo facial. Ya que hasta entonces, la barba tenía un contenido simbólico.

En muchos países asiáticos, llevar barba indica que el hombre que la tiene es una persona creyente y respetuosa de la tradición. La barba está ligada a religiones como el islam y el hinduismo.

En Europa y en el mundo occidental, la barba ha tenido un significado ideológico. Desde los años 30 y 40 la lucían los intelectuales de izquierdas, los que no estaban de acuerdo con el orden establecido. En un sentido parecido, los hippies de finales de los 60 y en los años 70 la reivindican como una expresión de rebeldía.

Cuenta Alejandro Navas que ahora a la barba se le ha desprovisto de cualquier significado. Es una barba y nada más. Responde a una necesidad que se aprecia en la sociedad actual por diferenciarse, por parecer distinto. La personalización, que vemos en otros ámbitos de la vida.

Eso sí, la barba actual, ante todo debe estar cuidada. Muchas peluquerías de hombre se han transformado en Barber Shop, donde los clientes acuden con regularidad a recortarse y arreglarse la barba.

Cuerpo depilado.  

Este es un signo estético de nuestro tiempo. El hombre se ha desprendido de lo que durante mucho tiempo ha sido uno de sus rasgos más identificativos, el vello corporal. Y lo ha hecho para gustar. La espalda peluda, a la mayoría de las mujeres les parece desagradable. Respecto al pelo en el pecho, a una cantidad significativa de mujeres no les gusta; y las que lo toleran, desde luego rechazan esa mata frondosa que se llevaba en otras épocas y que era símbolo de virilidad.

La liberación social y sexual de la mujer ha permitido que pueda decidir sobre la apariencia del sexo opuesto, algo que los hombres llevan haciendo respecto a las mujeres durante siglos. Esto ha influido en la estética del hombre, con independencia de su orientación o gustos sexuales.

Tradicionalmente, quienes se depilaban eran los deportistas. Los nadadores se han depilado siempre por completo, para reducir la resistencia hidrodinámica. En otros deportes como el ciclismo, se afeitaban las piernas para que las gotas de sudor no irritaran la piel.

Aparte de la imagen estética que pueda tener un tronco depilado, la ausencia de pelo evita que se retenga el sudor y reduce de manera considerable el olor corporal. Quizás uno de los aspectos más desagradables del hombre. Su fuerte olor natural.

Un hombre con el cuerpo depilado indica que es una persona que se cuida. Alguien que se preocupa de su aspecto y, en cierta medida, de su salud. Uno de los valores más apreciados por la mujer actual y que está marcando la estética masculina contemporánea.

Las cejas.

Con las cejas sucede algo parecido. Hemos pasado del “metro-sexual”, un personaje obsesionado con su imagen física y que fue un prototipo que marcó tendencia durante la última década del siglo XX, por el hombre normal y corriente que se cuida.

Es importante entender la diferencia. El metro-sexual se ponía mascarillas en la cara, se aplicaba cremas cosméticas, se depilaba las cejas, esculpía su cuerpo en un gimnasio a diario y tomaba anabolizantes.

En estos momentos tanta exageración se rechaza. Lo explica bien la revista Esquire cuando habla del cuidado de cejas en los hombres. No se trata de dejarnos las cejas ultrafinas como si fuéramos Cristiano Ronaldo, sino de tener una imagen aseada. En este sentido lo que conviene hacer es depilar el entrecejo, nivelar un poco la ceja, para que la parte alta no se vea sobrecargada y deshacernos de los pelos suelos o rebeldes que aparecen en la ceja. Demostrar que nos preocupamos un poco por nuestro aspecto y que no que dejamos que las cejas crezcan a su libre albedrío.

Esta preocupación por las cejas se traslada a otras irregularidades del rostro. Como el crecimiento excesivo de los pelos de la nariz, o el vello que le aparece a algunos hombres en las orejas. Hay perfiladores eléctricos que nos ayudan a recortarlos.

Es una rutina de cuidado personal que tampoco estamos obligados a hacer todos los días. Tan solo cada quince días o una vez al mes.

Como vemos, no se trata de cambiar nuestro aspecto, ni de mostrar lo que no somos. Si no de cuidarnos y arreglarnos mínimamente. Es una cuestión de justicia estética. Si las mujeres invierten tanto tiempo en arreglarse para estar guapas, que mínimo que dedicarle unos pocos minutos a nuestra apariencia.

Desde el punto de vista estético, en estos momentos el pelo es relevante. Pero más que su ausencia o cantidad, lo que realmente es importante es cuidarlo. Ofrecer una imagen pulcra.

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